Presos en la Iglesia

Por Revista Rayo de Luz, el septiembre 4, 2019

“El ladrón no viene más que a robar, matar o destruir; Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. (Jn 10,10). Según Jesús no está per- mitido un punto medio en la vida plena que nos dio con su entrega en la cruz y su Resurrección. Para Él, todo lo que nos destruye, nos mata internamente o nos hace morir físicamente, lo que nos roba la paz, el ánimo o la capacidad de responder con fe a Dios, es el plan de aquel a quien Él llama el ladrón. Jesús nos quiere libres, plenos, llenos de su Amor y Misericordia y que esto fluya a los que tenemos cerca.

Los males que muchos normalizan, varían desde la depresión, sentimientos de culpa y vergüenza, pesadillas repetitivas, acusaciones, miedo constante y sin fundamento, conductas irracionales o inapropiadas, pecados cíclicos (vicios), hasta enfermedades y dolores físicos sin diagnóstico posible. Todo esto puede ser ocasionado por espíritus malos para minimizar o ahogar el plan de Jesús para nuestras vidas.

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