Afavoriedad en la Covidianidad

marzo 1, 2021

En este mes se cumple un año de cuando empezamos a detectar un problema neurológico en nuestro hijo JF (9 años). En pleno confinamiento de la pandemia, se descubrió un tumor cerebral que afectaba los movimientos de la parte derecha de su cuerpo. Había urgencia de una cirugía para extirparle ese tumor. La sugerencia era ir a un hospital de Estados Unidos. Los aeropuertos dominicanos estaban cerrados, no había vuelos comerciales y los hospitales no estaban disponibles en su máxima capacidad, todo a causa de la pandemia…

En medio de esas contrariedades, la solidaridad creció como bola de nieve: amigos —y mucha gente maravillosa que no nos conocía— nos manifestaron su apoyo de diversas maneras. A Dios y a todo ese escuadrón de personas generosas, incluyendo al increíble equipo del hospital de Cincinnati, les debemos mucha gratitud: nuestro hijo pudo ingresar al hospital y se le extrajo el tumor, que resultó benigno. No requirió de rehabilitación. ¡Llegó en silla de ruedas y salió jugando fútbol!

Comprobé que la bondad mueve y sostiene el mundo. ¡Cuántas acciones, cuántas oraciones, cuántos signos!

De la boca de los pequeños

Los signos empezaron en nuestra propia casa con los niños. JF quiso informarle, sobre su viaje al hospital, a su hermano J (7 años). Transcribo su diálogo:

JF: «Hay una buena noticia y una mala noticia. La buena noticia es que pasarás un tiempo en casa de los abuelos. La mala noticia es que nos separaremos porque yo estaré en Estados Unidos».

J: «¿Y por qué te vas a Estados Unidos?».

JF: «Porque necesitamos buscar el mejor lugar para resolver el problema de mi mano».

J: «¡Genial! Podremos jugar multijugador en lugares distintos».

JF: «Mi doctora dice que tengo una cicatriz en el cerebro y eso está haciendo que mi mano se mueva sola».

J: «¡Ah bueno! ¡Tendrás tu primera cirugía de cerebro! Sencillo».

JF: «¿Tú no estás celoso porque vamos de viaje sin ti?».

J: «No. ¿Por qué me voy a poner celoso si es por tu bien?».

El día antes de su cirugía, JF nos aseguró desde una cama del hospital: «Los problemas son problemáticos, pero son útiles para la vida, porque nos enseñan. 

Por eso no hay que tener tanto miedo a los problemas. Pero no es malo sentir miedo porque fue hecho para saber si algo es peligroso o doloroso. Lo que hay que hacer es confiar aun teniendo miedo: pensar en cosas buenas». El día que le dieron de alta, JF nos dijo desde un sofá: «En estos días tenemos que vivir como la vida nos lleve».

Involucrarnos, no lucrarnos

Vivir el presente como la vida nos lleve… No siempre resulta fácil. Hay muchos, en esta pandemia, que están envueltos en grandes sufrimientos. Duele ver que hay insensibles que se aprovechan de las vulnerabilidades para lucrarse. Quienes pretendemos ser discípulos de Jesús de Nazaret no estamos para lucrarnos, sino para involucrarnos. Dios es un provocador: provoca asombros y bendiciones. En él, somos llamados a provocar bendiciones, a construir, aquí y ahora, su reino de justicia y paz. ¿Cómo? Involucrándonos, no quedándonos de brazos cruzados. En palabras del Papa Francisco: no «balconear» la vida. Podemos ser la respuesta de Dios a la oración de tantas personas que sufren.

Como me gusta jugar con las palabras, propongo cambiar algunas letras para cambiar algunas visiones, y así cooperar con la transformación de nuestras vidas:

• De planificar a plenificar

Sé que la palabra «plenificar» no está en el diccionario. La inventé, para sugerir que, en estos tiempos, más que planificar mucho (que no está mal) debemos buscar la plenitud. Intentar vivir la vida ordinaria de modo más extraordinario.

Un joven de Cincinnati, MF, cuando supo de nuestra emergencia, nos cedió su carro incondicionalmente mientras estuvimos de estadía en su ciudad. 

• De covidianidad a convidianidad

Ahora muchos dicen «covidianidad» en lugar de «cotidianidad». A la palabra «covidianidad» le agregamos la n de «novedad» para crear esta otra: «convidianidad». Este es un tiempo para convidar, que es «dar la vida juntos». Empezamos con nuestra propia familia. Nuestros familiares nunca habían sido prójimos tan próximos como ahora, en estos tiempos de confinamiento.

P y R nos abrieron las puertas de su familia para acogernos con total generosidad por varias semanas.

• De compañero de tribulación a compañero de tripulación

Hace justo un año, en un mensaje de consuelo, el papa Francisco nos recordó el pasaje evangélico de la tempestad calmada. Recalcó que Jesús, el calmador de temporales, está en la misma barca que nosotros. De manera que no se trata de «mi» barca, sino de «nuestra» barca. Jesús no solo es compañero de tribulación, sino compañero de tripulación. Y no permitirá que se hunda nuestra barca.

Cuando no podíamos salir de casa, familias enteras pasaron con letreros de bendición para animar a JF desde la calle.

• De resignarnos a reasignarnos

No es tiempo de resignación derrotista. A la palabra «resignarnos» le agregamos la a de «amor» y se convierte en «reasignarnos». Quiero decir: resetear, reiniciar, volver al puesto en el equipo del provocador de asombros.

K es enfermera y todas las mañanas, antes de colocarse su mascarilla, inventa maneras nuevas para animar a cada paciente.

• De solitarios a solidarios

Si cambiamos la t de «solitarios» por la d de «Dios», tenemos la palabra «solidarios». En el toque de queda permanecemos en casa, pero que eso no sea excusa para encerrarnos en el egoísmo. Busquemos vías creativas para acompañar y amar a los demás —que nunca están de más— aun en pleno confinamiento.

Sabiendo de nuestros ajetreos, C nos dijo que nos despreocupáramos de ir a la farmacia: se encargó de conseguirnos las medicinas.

• De contrariedad a afavoriedad

Me di cuenta de que hay muchos sinónimos de «contrariedad»: adversidad, problema, obstáculo, dificultad, prueba, impedimento, tribulación, etc. Sin embargo, no encontré un antónimo de «contrariedad». ¿Será que nos enfocamos demasiado en lo negativo? Por eso, inventé la palabra «afavoriedad». Con ella quiero significar que Dios está a favor de nosotros. «En todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman» (Rom 8, 28). 

Hay muchas personas que llegaron a tu vida en el momento justo para decirte las palabras precisas que necesitabas escuchar y te hicieron la obra que requerías. Esas personas son «afavoriedades» para tu vida. Agradéceles en estos tiempos. Por otro lado, nuestra tarea es: ¿De quiénes podemos ser «afavoriedades»?

Los vecinos se alegran cada vez que E aparece sonriendo bajo su mascarilla y repartiendo pasteles en hoja, café y bizcochos.

• Lo que está pasando está pasando

La aparente redundancia es a propósito. Si algo está pasando, es porque ya está pasando, pues todo temporal (tormenta) es temporal (pasajero).
Cada noche, YF hace una lista para agradecer las «afavoriedades» vividas durante el día.

 

 

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