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TESTIMONIOS DE LUZ
Testimonio de Luz – Luis Marte «Dios detuvo mi Tormenta Inesperada»

Al finalizar el mes de julio del año en curso, tomé unas vacaciones laborales con la finalidad de acompañar a mi esposa e hijo mayor y disfrutar del nacimiento de mi segunda hija. Todo transcurría en perfecta armonía, nos sentíamos plenos y felices: “La bebé evolucionaba perfectamente, mi esposa se recuperaba rápidamente y yo, junto a mi hijo mayor, colaborábamos en lo necesario para que todo continuara en perfecto orden.

Faltando unos días para concluir mis vacaciones, decidí aprovechar el tiempo y realizar algunas revisiones médicas, como cada año. Ese proceso lo inicié con mi hermana que es cardióloga, quien me indicó los estudios generales de dicha área. En ese momento, le hice referencia, de algunas molestias que a veces sentía en mi pierna derecha y en el área de la ingle, pensando que nuevamente estaría padeciendo de una hernia; hace unos años, había sido sometido a una herniorrafía (cirugía para reparar una hernia en la pared abdominal de la ingle); entonces, me indicó una sonografía abdomino-pélvica y me sugirió consultar los resultados con mi urólogo, que sería mi siguiente especialista a consultar.

Ya con resultados en mano, y todo lo referente a cardiología bajo control, me dirigí al urólogo con un reporte de sonografía que indicaba un Oncocitoma Renal (tumor benigno de grasa y tejido muscular en riñón). Dicho diagnóstico fue confirmado a través de una resonancia magnética dando paso a la intranquilidad y preocupación en mí y mi familia.

El doctor me informó que lo recomendado en mi caso era practicarme una Nefrectomía Radical Derecha, que consiste en extraer el riñón derecho completo, la glándula suprarenal y los ganglios linfáticos cercanos junto a otro tejido circundante. Dicha cirugía, fue pautada para el día 19 de agosto del año que transcurre y fue cuando empecé a sentir cómo se formaba en mi vida una tormenta que robaba la paz y la felicidad que, junto a mi familia, me embargaba previo a tal diagnóstico.

Llegó el miedo acompañado de la indecisión de si debía proceder o no con lo referido por el urólogo, pues en ese momento, las molestias que sentía no me impedían llevar una “vida normal”.

Luego, junto a mi familia, me refugié en la oración y confiados esperamos en esta promesa del Señor: “Dios es fiel y no permitirá que sean tentados por encima de sus fuerzas. En el momento de la prueba les dará fuerzas para superarlas”. I Corintios 10, 13.

El día previo a la cirugía, en horas de la noche, el doctor nos informó que la misma sería suspendida, puesto que él acababa de recibir resultados positivos al Covid-19, y la nueva fecha sería reprogramada una vez él se recuperara.

Esta nueva espera trajo sentimientos encontrados, y aunque renovó mis miedos, al mismo tiempo, sentía la esperanza de que Dios cambia los tiempos para protegernos. Mientras tanto, seguíamos fieles a su Palabra y pidiendo la intercesión de nuestra Madre, la Virgen María, en su advocación de La Milagrosa.

El día 2 de septiembre, a la 1:00 p.m. fue la nueva fecha y hora pautadas para la cirugía. Entonces, me albergaba un sentimiento de paz y la confianza de que Dios y la Virgen me acompañaban en esa prueba, desplazando mi miedo y el cansancio ante una noche de sueño poco reparador. Ya iniciado el proceso, los médicos observaron una masa con rasgos más grandes y más compleja que la visualizada a través de los estudios. Allí mi tormenta nuevamente se acrecentaba; y al mismo tiempo, una mayor cantidad de personas elevaban su clamor a Dios en favor de mi vida y pedían que fuera Él quien tomara el control y utilizara a cada médico como instrumento de su obra.

Fue como mi barca se mantuvo aferrada a un gran muelle de fe. Tres horas más tarde, y luego de un gran esfuerzo del personal de salud, se logró extraer mi riñón derecho con el tumor. Mi proceso de despertar fue más lento de lo normal y cuando logré hacerlo, sentí un dolor insoportable y desgarrador, gritaba inconsolablemente; sin embargo, en medio de este gran sufrimiento, el Señor me mantenía rodeado de ángeles que sostenían mi mano. Luego de varias horas de dolor llegó la calma, y fui trasladado a una habitación donde inició mi proceso de recuperación, bajo el amparo de mi Dios, y agradecido con Él por permitirme resistir y mantenerme firme en medio de dicha tormenta.

Dos semanas después, recibimos los resultados de la biopsia de la masa extraída, que para la honra y la gloria de Dios, resultó libre de malignidad. Y, luego de transcurrido un mes tomando los cuidados de lugar, me he incorporado a mis actividades cotidianas, paulatinamente.

Hoy doy gracias al Señor por su protección y porque de algún modo, dicha tormenta afianzó más mi fe y me revistió de nuevas fuerzas. Gracias Madre María porque también, a través del rezo del Santo Rosario, llenaste mi corazón de paz y esperanza; gracias por interceder ante tu Hijo por mi salud y sostenerme junto a un batallón de ángeles celestiales y terrenales.

 

-Luis Marte.

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